El Banco Citi estará instalando las nuevas máquinas en el curso de 60 días. Así lo confirmaron directivos de ambas firmas en una entrevista con El Cronista. Según explicaron los ejecutivos, la nueva familia de cajeros posibilitará a los clientes, por primera vez en el país, depositar –tanto efectivo como cheques– directamente por una ranura de la máquina, sin la necesidad de utilizar sobres –única forma de realizar depósitos que hoy ofrecen los ATM locales–.
El nuevo sistema permitirá que el efectivo sea validado en el momento, y en el caso de los cheques, escaneados y visualizados tanto en la pantalla como en el comprobante que se entrega al cliente.
Nusenovich explicó que el primer inconveniente que presenta el viejo esquema es que “el depósito no está confirmado para el cliente y está sujeto a un procedimiento posterior, que implica una logística costosa para el banco pero que también retrasa la acreditación del dinero”.
Actualmente, el sistema se complementa con la verificación personal realizada por empleados de la entidad financiera que aloja al cajero y recién se acredita al día siguiente en el caso de los primeros cuatro días hábiles o hasta 48 horas después, cuando se realiza un viernes o durante el fin de semana. En este sentido, Gabriel Perez, director de Operaciones y Tecnología de Citi, advirtió que una de las ventajas se centra en que “los nuevos dispositivos hacen posible que la máquina reciba los cheques, lo escanee y entregue un ticket con una foto del mismo”. Según los directivos esto permitirá ahorrar tiempo a los clientes al tiempo que brindará una mayor seguridad.
viernes, 27 de julio de 2012
El Cisne Negro
Nassim Nicholas Taleb es un famoso inversor e investigador nacido hace 53 años en Libia. Se convirtió en famoso gracias a que fue el autor de dos best sellers mundiales durante la última década.
Uno de ellos, "El Cisne Negro. El impacto de lo extremadamente improbable", atacó directamente a los economistas tradicionales y a Wall Street. El Sunday Times británico lo llamó "el pensador más caliente de la actualidad" y el New Yorker lo definió como "el principal disidente de Wall Street" y señaló que es a la sabiduría convencional de los mercados "lo que Martín Lutero fue a la Iglesia Católica".
¿Qué son los "Cisnes Negros" para Taleb?
Para que un suceso sea determinado como "Cisne Negro" debe reunir tres requisitos.
Primero, debe ser una rareza.
Segundo, debe producir un gran impacto.
Tercero, pese a su condición de particularidad, la naturaleza humana debe inventar explicaciones de su existencia a posteriori, para convertirlo en explicable y predecible.
Taleb llamó como "Cisnes Negros" a estos sucesos porque antes del descubrimiento de Australia las personas del Viejo Mundo estaban convencidas de que todos los cisnes eran blancos, basándose en las pruebas empíricas de su realidad. Pero cuando descubrieron Australia y conocieron los cisnes negros tuvieron que cambiar toda la estructura de su pensamiento.
Según Nassim Nicholas Taleb, una pequeña cantidad de "Cisnes Negros" es capaz de explicar casi todo lo concerniente a nuestro mundo: desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. El éxito de Google, Youtube y hasta el 11-S, son "Cisnes Negros".
En su opinión los "acontecimientos imprevistos" tienen un impacto muy importante en los resultados. Y la gran mayoría de los economistas y "expertos" en inversiones subestiman el impacto de esos "acontecimientos imprevistos". Por eso, el consejo que Taleb le da a los inversores individuales es: sea escéptico, desconfíe de los economistas y de los expertos.
Taleb hizo una fortuna durante la crisis que comenzó en Estados Unidos en el año 2007. Su fondo llamado "Universia", basado en la idea del "Cisne Negro", pudo anticipar la crisis financiera que se venía y, gracias a eso, ganar una fortuna.
Marc Faber, es un economista, analista de inversiones y empresario suizo que es conocido mundialmente como el "Doctor Catástrofe". A nivel internacional es muy conocido por el boletín informativo Gloom Boom Doom, el cual está ilustrado con pinturas de la serie "Danza de la Muerte" (Dance of Death), de Kaspar Meglinger.
Faber es famoso por su estilo de inversión contrario y por su larga lista de "predicciones" exitosas. En el año 1987 alertó a sus clientes sobre una crisis ante del "Lunes Negro" de Wall Street que implicó una baja récord en la Bolsa de Estados Unidos. En 1990 logró muy buenas ganancias pronosticando la crisis en Japón. Y también vio venir la crisis en Asia del año 1997.
Faber vivió en Hong Kong gran parte de su vida, hoy vive en Tailandia y es considerado un ícono en el mundo de las inversiones globales.
Niall Ferguson es un historiador británico que se especializa en historia económica y financiera. Es profesor de la Universidad de Harvard y fue estudiante en la Universidad de Oxford.
Es famoso fuera del mundo académico por sus opiniones polémicas respecto a los Imperios y la importancia del dinero. En 2008, Ferguson publicó su libro más reciente, The Ascent of Money: A Financial History of the World ("El triunfo del dinero: cómo las finanzas mueven el mundo"), que fue también presentado como una serie televisiva en el canal 4 del Reino Unido.
En el año 2004 Ferguson fue nombrado como una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista estadounidense Time.
Uno de ellos, "El Cisne Negro. El impacto de lo extremadamente improbable", atacó directamente a los economistas tradicionales y a Wall Street. El Sunday Times británico lo llamó "el pensador más caliente de la actualidad" y el New Yorker lo definió como "el principal disidente de Wall Street" y señaló que es a la sabiduría convencional de los mercados "lo que Martín Lutero fue a la Iglesia Católica".
¿Qué son los "Cisnes Negros" para Taleb?
Para que un suceso sea determinado como "Cisne Negro" debe reunir tres requisitos.
Primero, debe ser una rareza.
Segundo, debe producir un gran impacto.
Tercero, pese a su condición de particularidad, la naturaleza humana debe inventar explicaciones de su existencia a posteriori, para convertirlo en explicable y predecible.
Taleb llamó como "Cisnes Negros" a estos sucesos porque antes del descubrimiento de Australia las personas del Viejo Mundo estaban convencidas de que todos los cisnes eran blancos, basándose en las pruebas empíricas de su realidad. Pero cuando descubrieron Australia y conocieron los cisnes negros tuvieron que cambiar toda la estructura de su pensamiento.
Según Nassim Nicholas Taleb, una pequeña cantidad de "Cisnes Negros" es capaz de explicar casi todo lo concerniente a nuestro mundo: desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. El éxito de Google, Youtube y hasta el 11-S, son "Cisnes Negros".
En su opinión los "acontecimientos imprevistos" tienen un impacto muy importante en los resultados. Y la gran mayoría de los economistas y "expertos" en inversiones subestiman el impacto de esos "acontecimientos imprevistos". Por eso, el consejo que Taleb le da a los inversores individuales es: sea escéptico, desconfíe de los economistas y de los expertos.
Taleb hizo una fortuna durante la crisis que comenzó en Estados Unidos en el año 2007. Su fondo llamado "Universia", basado en la idea del "Cisne Negro", pudo anticipar la crisis financiera que se venía y, gracias a eso, ganar una fortuna.
Marc Faber, es un economista, analista de inversiones y empresario suizo que es conocido mundialmente como el "Doctor Catástrofe". A nivel internacional es muy conocido por el boletín informativo Gloom Boom Doom, el cual está ilustrado con pinturas de la serie "Danza de la Muerte" (Dance of Death), de Kaspar Meglinger.
Faber es famoso por su estilo de inversión contrario y por su larga lista de "predicciones" exitosas. En el año 1987 alertó a sus clientes sobre una crisis ante del "Lunes Negro" de Wall Street que implicó una baja récord en la Bolsa de Estados Unidos. En 1990 logró muy buenas ganancias pronosticando la crisis en Japón. Y también vio venir la crisis en Asia del año 1997.
Faber vivió en Hong Kong gran parte de su vida, hoy vive en Tailandia y es considerado un ícono en el mundo de las inversiones globales.
Niall Ferguson es un historiador británico que se especializa en historia económica y financiera. Es profesor de la Universidad de Harvard y fue estudiante en la Universidad de Oxford.
Es famoso fuera del mundo académico por sus opiniones polémicas respecto a los Imperios y la importancia del dinero. En 2008, Ferguson publicó su libro más reciente, The Ascent of Money: A Financial History of the World ("El triunfo del dinero: cómo las finanzas mueven el mundo"), que fue también presentado como una serie televisiva en el canal 4 del Reino Unido.
En el año 2004 Ferguson fue nombrado como una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista estadounidense Time.
miércoles, 11 de julio de 2012
Dólar turista: Inhabilitarán para comprar dólares a los que mientan en el formulario para viajes (Cronista)
Migraciones, la AFIP y el Banco Central se encargaron de terminar con una de las últimas avivadas que les quedaban a los que buscaban conseguir dólares como fuera, el de inventar viajes falsos. Aquellos que mientan en el formulario que obliga a completar la agencia impositiva a los viajeros que pretenden comprar dólares a precio oficial podrán ser inhabilitados para operar en el mercado cambiario por tiempo indeterminado.
La comunicación A 5318 del Banco Central, publicada la semana pasada, oficializó la prohibición a la compra de divisas para atesoramiento, algo que de hecho ya estaba siendo impuesto por la AFIP a través de sus cuestionamientos al origen de los fondos utilizados para la operación.
Entre las pocas vías de entrada al mercado cambiario que dejó la nueva normativa de la entidad conducida por Mercedes Marcó del Pont está la de compra de divisas para viajar al exterior. Para esa eventualidad, la AFIP permite adquirir divisas –aunque limita el monto– luego de llenar un formulario en el que se detalla vía de entrada y salida del país, tiempo de duración del viaje, destino y otros ítems.
El formulario fue utilizado por muchos para inventar viajes falsos y, de esa manera, acceder a comprar dólares sin moverse de sus casas. Pero la inclusión de la Dirección Nacional de Migraciones al proceso de control terminó con esa maniobra.
Las bases de datos de esa dependencia registran las salidas y entradas al país, en todos los aeropuertos y cruces fronterizos.
Ahora, según la nueva normativa del Central, en caso de que un viaje no se concrete los contribuyentes deberán reintegrar los dólares adquiridos en un plazo de no más de 5 días, o atenerse a las penas que fija la Ley Penal Tributaria.
Esa ley establece que el infractor podrá ser obligado a pagar una multa de hasta diez veces el monto de la operación con la que se cometió la infracción, o incluso prisión de uno a cuatro años en caso de reincidencia.
Según fuentes de la AFIP, cualquier infracción a esta normativa será penada, además, con la inhabilitación por tiempo indeterminado para comprar divisas, cualquiera sea el fin para el que se las necesite.
La comunicación A 5318 del Central especifica, además, que en el caso de cancelar o postergar un viaje, se otorgará un plazo de diez días para concretarlo. Cumplido ese plazo sin que las bases de datos de Migraciones confirmen la salida del país, ni los sistemas de la AFIP registren el reintegro de las divisas compradas, se estará infringiendo la normativa del Banco Central y el ente recaudador intimará al contribuyente en cuestión.
La comunicación A 5318 del Banco Central, publicada la semana pasada, oficializó la prohibición a la compra de divisas para atesoramiento, algo que de hecho ya estaba siendo impuesto por la AFIP a través de sus cuestionamientos al origen de los fondos utilizados para la operación.
Entre las pocas vías de entrada al mercado cambiario que dejó la nueva normativa de la entidad conducida por Mercedes Marcó del Pont está la de compra de divisas para viajar al exterior. Para esa eventualidad, la AFIP permite adquirir divisas –aunque limita el monto– luego de llenar un formulario en el que se detalla vía de entrada y salida del país, tiempo de duración del viaje, destino y otros ítems.
El formulario fue utilizado por muchos para inventar viajes falsos y, de esa manera, acceder a comprar dólares sin moverse de sus casas. Pero la inclusión de la Dirección Nacional de Migraciones al proceso de control terminó con esa maniobra.
Las bases de datos de esa dependencia registran las salidas y entradas al país, en todos los aeropuertos y cruces fronterizos.
Ahora, según la nueva normativa del Central, en caso de que un viaje no se concrete los contribuyentes deberán reintegrar los dólares adquiridos en un plazo de no más de 5 días, o atenerse a las penas que fija la Ley Penal Tributaria.
Esa ley establece que el infractor podrá ser obligado a pagar una multa de hasta diez veces el monto de la operación con la que se cometió la infracción, o incluso prisión de uno a cuatro años en caso de reincidencia.
Según fuentes de la AFIP, cualquier infracción a esta normativa será penada, además, con la inhabilitación por tiempo indeterminado para comprar divisas, cualquiera sea el fin para el que se las necesite.
La comunicación A 5318 del Central especifica, además, que en el caso de cancelar o postergar un viaje, se otorgará un plazo de diez días para concretarlo. Cumplido ese plazo sin que las bases de datos de Migraciones confirmen la salida del país, ni los sistemas de la AFIP registren el reintegro de las divisas compradas, se estará infringiendo la normativa del Banco Central y el ente recaudador intimará al contribuyente en cuestión.
miércoles, 27 de junio de 2012
Nuevos edificios y terrenos reviven la Avenida Nueve de Julio Sur
Desde Belgrano hay 6 grandes emprendimientos. Se consolida la oferta por la cercanía de tres universidades privadas sobre Lima y Bernardo de Irigoyen que generan demanda de vivienda. Y la tendencia se extiende a ambos lados de la autopista.
Aunque la Ciudad luce atiborrada de edificios y la tierra es cada vez más cara, siempre hay lugar para un nuevo emprendimiento. Como buscadores de perlas, los desarrolladores logran ubicar terrenos, y para eso exploran sitios que aún ofrecen posibilidades interesantes: es el caso de la traza de la 9 de Julio, hacia el Sur del Obelisco.
Uno de los emprendimientos más ambiciosos de la zona es 955 Belgrano Office, en Belgrano 955. Allí se desarrolló una torre de oficinas premium de 30 pisos y cuatro subsuelos para autos, donde antes funcionaba una playa de estacionamiento. En cuanto salió a la venta, fue adquirida para este proyecto con una inversión que revela la importancia del emprendimiento: 100 millones de dólares . Y es uno de los pocos edificios de oficinas de gran categoría que se construyen fuera del ámbito de Puerto Madero, líder en este tipo de mercados.
“En la Ciudad suceden dos cosas: hay cada vez menos terrenos y cada vez más restricciones constructivas relacionadas con las áreas de protección”, explica Héctor Salvo, gerente general de la constructora. La empresa desarrolló torres como las Le Parc y el edificio Plaza San Martín. ¿Cuál es el límite en el Sur de la Ciudad? “No hay límites, si hay mercado podemos construir sobre Brasil.
La demanda es la que pone los límites ”, asegura Salvo. La obra sobre Belgrano, estaría terminada para diciembre de 2013.
Otro foco de crecimiento apalancado por tres universidades es la zona de las avenidas Independencia y San Juan .
Allí conviven la UADE, la UAI y distintas sedes de la Kennedy. Todas convocan a estudiantes del interior y un movimiento incesante de alquileres por la zona que buscan ser aprovechados por los inversionistas.
En México y Bernardo de Irigoyen, Allí se construye Facultad VII con la modalidad de fideicomiso al costo. El edificio tendrá 14 pisos: en el último estarán los amenities y en el resto estarán distribuidos losdepartamentos, tipo loft, de entre 40 y 60 metros cuadrados .
Y también habrá tres subsuelos de cocheras, vitales en el barrio, y estaría terminado para junio de 2014, justo en la esquina de Diagonal Sur y México, por donde pasa un cambio que impulsa la Ciudad: la extensión de la Avenida Roca , hasta Bernardo de Irigoyen, tal y como había sido planeada originalmente.
Si este proyecto de ley se aprueba, significaría también un cambio rotundo para la zona Sur de la 9 de Julio.
Según estimaciones del Ejecutivo porteño, la empresa que se haga cargo de la expropiación y extensión de la avenida invertirá unos 550 millones de pesos para el desarrollo inmobiliario de la zona.
“Cada obra nueva que se suma modifica el lugar y aporta al desarrollo del barrio, siempre es positivo. Pero el cambio definitivo lo genera el Estado interviniendo con las grandes obras de infraestructura”, opinó el arquitecto José Rozados. “Si bien el Sur de 9 de Julio es una zona que aún tiene opciones de negocios interesantes, por las universidades y la Diagonal, el barrio aún no acompaña, porque en las zonas aledañas hay algo de inseguridad y quedan casas tomadas”, detalla Rozados.
Sin embargo, hay al menos diez terrenos con carteles de venta : en Bernardo de Irigoyen al 900, entre Estados Unidos y Carlos Calvo, hay 3 terrenos juntos con un frente de más de 25 metros. Lo mismo del otro lado de la avenida, en Lima al 900, donde varios terrenos podrían salir a la venta en breve. Y en Cerrito y Bartolomé Mitre, la inmobiliaria Toribio Achával vende un gran predio que fue también una playa de estacionamiento. Y sobre Lima entre Carlos Calvo y San Juan se construyen un par de edificios; uno de ellos es Altman Eco Office, con 12 plantas y amenities además de cocheras, y que una obra del artistas Rogelio Polesello en la fachada.
Aunque con un movimiento más moderado, las calles Herrera y Hornos (colectoras de la autopista 9 de Julio Sur), también tienen muchos terrenos a la venta y tímidamente aparecen algunas obras. Como la que se anuncia al 1200 de Herrera, con oficinas a la venta.
A todos estos proyectos se suma el Quartier San Telmo, a punto de estreno en Garay al 700, y un proyecto cerca de arrancar en avenida Martín García y Jovellanos, donde funcionó una fábrica y que ocupa casi 3/4 de manzana.
Aunque la Ciudad luce atiborrada de edificios y la tierra es cada vez más cara, siempre hay lugar para un nuevo emprendimiento. Como buscadores de perlas, los desarrolladores logran ubicar terrenos, y para eso exploran sitios que aún ofrecen posibilidades interesantes: es el caso de la traza de la 9 de Julio, hacia el Sur del Obelisco.
Uno de los emprendimientos más ambiciosos de la zona es 955 Belgrano Office, en Belgrano 955. Allí se desarrolló una torre de oficinas premium de 30 pisos y cuatro subsuelos para autos, donde antes funcionaba una playa de estacionamiento. En cuanto salió a la venta, fue adquirida para este proyecto con una inversión que revela la importancia del emprendimiento: 100 millones de dólares . Y es uno de los pocos edificios de oficinas de gran categoría que se construyen fuera del ámbito de Puerto Madero, líder en este tipo de mercados.
“En la Ciudad suceden dos cosas: hay cada vez menos terrenos y cada vez más restricciones constructivas relacionadas con las áreas de protección”, explica Héctor Salvo, gerente general de la constructora. La empresa desarrolló torres como las Le Parc y el edificio Plaza San Martín. ¿Cuál es el límite en el Sur de la Ciudad? “No hay límites, si hay mercado podemos construir sobre Brasil.
La demanda es la que pone los límites ”, asegura Salvo. La obra sobre Belgrano, estaría terminada para diciembre de 2013.
Otro foco de crecimiento apalancado por tres universidades es la zona de las avenidas Independencia y San Juan .
Allí conviven la UADE, la UAI y distintas sedes de la Kennedy. Todas convocan a estudiantes del interior y un movimiento incesante de alquileres por la zona que buscan ser aprovechados por los inversionistas.
En México y Bernardo de Irigoyen, Allí se construye Facultad VII con la modalidad de fideicomiso al costo. El edificio tendrá 14 pisos: en el último estarán los amenities y en el resto estarán distribuidos losdepartamentos, tipo loft, de entre 40 y 60 metros cuadrados .
Y también habrá tres subsuelos de cocheras, vitales en el barrio, y estaría terminado para junio de 2014, justo en la esquina de Diagonal Sur y México, por donde pasa un cambio que impulsa la Ciudad: la extensión de la Avenida Roca , hasta Bernardo de Irigoyen, tal y como había sido planeada originalmente.
Si este proyecto de ley se aprueba, significaría también un cambio rotundo para la zona Sur de la 9 de Julio.
Según estimaciones del Ejecutivo porteño, la empresa que se haga cargo de la expropiación y extensión de la avenida invertirá unos 550 millones de pesos para el desarrollo inmobiliario de la zona.
“Cada obra nueva que se suma modifica el lugar y aporta al desarrollo del barrio, siempre es positivo. Pero el cambio definitivo lo genera el Estado interviniendo con las grandes obras de infraestructura”, opinó el arquitecto José Rozados. “Si bien el Sur de 9 de Julio es una zona que aún tiene opciones de negocios interesantes, por las universidades y la Diagonal, el barrio aún no acompaña, porque en las zonas aledañas hay algo de inseguridad y quedan casas tomadas”, detalla Rozados.
Sin embargo, hay al menos diez terrenos con carteles de venta : en Bernardo de Irigoyen al 900, entre Estados Unidos y Carlos Calvo, hay 3 terrenos juntos con un frente de más de 25 metros. Lo mismo del otro lado de la avenida, en Lima al 900, donde varios terrenos podrían salir a la venta en breve. Y en Cerrito y Bartolomé Mitre, la inmobiliaria Toribio Achával vende un gran predio que fue también una playa de estacionamiento. Y sobre Lima entre Carlos Calvo y San Juan se construyen un par de edificios; uno de ellos es Altman Eco Office, con 12 plantas y amenities además de cocheras, y que una obra del artistas Rogelio Polesello en la fachada.
Aunque con un movimiento más moderado, las calles Herrera y Hornos (colectoras de la autopista 9 de Julio Sur), también tienen muchos terrenos a la venta y tímidamente aparecen algunas obras. Como la que se anuncia al 1200 de Herrera, con oficinas a la venta.
A todos estos proyectos se suma el Quartier San Telmo, a punto de estreno en Garay al 700, y un proyecto cerca de arrancar en avenida Martín García y Jovellanos, donde funcionó una fábrica y que ocupa casi 3/4 de manzana.
Se impone un dólar blue congelado
El mercado informal del dólar sigue convocando sus clásicos protagonistas: la oferta y la demanda. La noticia, además del tibio retorno de los negocios incluso bajo el imperio de Guillermo Moreno, es la “fijación” del tipo de cambio que comenzó a regir desde hace dos semanas, lapso durante el cual el dólar informal cotizó siempre en la brecha de los $ 5,90 y $ 5,95.
La distancia del 0,8% entre la punta compradora y la vendedora habla de la baja afluencia de negocios, pero más dice sobre la cartelización del sector, acuciado por los controles de la AFIP y urgido a mostrar buen entendimiento con la esfera política si pretende no desaparecer de plano.
Llevar más allá del 31% la distancia que existe con el dólar oficial (hoy en $ 4,52) pondría en apuros a los pocos sobrevivientes y los sacaría del exiguo paraguas protector que implicó el acuerdo tácito con la Secretaría de Comercio Interior.
La especulación es que, de mantenerse bajo el volumen de negocios, los valores permanecerían virtualmente congelados.
Huelga decir que mientras el BCRA es refractario a los intereses del grupo y los pocos contactos realizados han sido vanos, los intentos se han dispersado sin éxito también en otros despachos de Economía.
De todas formas, el dato que tanto el Banco Central como los cambistas –también los “cueveros”– acarician con esmero son los u$s 8.000 millones del agro sojero que aún no se han liquidado en la plaza cambiaria. La mala noticia es que ese dinero todavía tiene forma de poroto de soja, ya que se trata de 16 millones de toneladas que aún no se han comercializado. Incluso el líder de la CGT Hugo Moyano tuvo su protagonismo la última semana: el anunciado paro de camioneros y la continuidad del conflicto significa menor llegada de la soja al puerto, lo que hizo subir el precio de la soja en Chicago por encima de los u$s 530.
Otra mala noticia es que, a pesar de la suba, las exportaciones se encuentran ralentizadas y las decisiones de inversión también se hacen desear. Si no se necesita dinero, tampoco es necesario vender la producción.
La mesa de dinero del Banco Central cuenta las horas –ábaco mediante– para que el agro les venda, de una vez, los u$s 800 millones semanales que solía liquidar en esta misma época, un año atrás.
Los u$s 400 millones semanales promedio que le venden a Mercedes Marcó del Pont no hacen más que profundizar la incógnita: la llamativa retracción resulta más evidente en medio de la temporada de liquidación más fuerte del agro, correspondiente al final de la campaña de la cosecha gruesa y que se extiende habitualmente de abril hasta el mes de julio. Si con la “ayuda” del cepo cambiario, las restricciones a las importaciones y el congelado giro de utilidades al exterior el BCRA no puede sumar reservas, en un contexto con menos ventas es poco probable que ocurra.
La salida de depósitos de los bancos –que se cuentan a su vez como parte de las reservas– mostró un nuevo capítulo en la semana del 11 al 15 de junio, cuando se fueron otros u$s 438 millones. El goteo apenas se redujo contra los u$s 547 millones de la semana anterior.
Para los bancos, el extraordinario colchón de pesos ociosos que tienen –acentuado a partir del cerrojo cambiario– ya no parece ser un problema.
Los depósitos a corto plazo que hacían al BCRA (pases) a cambio de una módica tasa de interés hoy se ha convertido en el motor del crédito a las empresas. Como consecuencia, el stock de pasivos no monetarios comenzó a retroceder. El dato a tener en cuenta es que las empresas demandan más crédito porque suponen que las tasas subirán.
La distancia del 0,8% entre la punta compradora y la vendedora habla de la baja afluencia de negocios, pero más dice sobre la cartelización del sector, acuciado por los controles de la AFIP y urgido a mostrar buen entendimiento con la esfera política si pretende no desaparecer de plano.
Llevar más allá del 31% la distancia que existe con el dólar oficial (hoy en $ 4,52) pondría en apuros a los pocos sobrevivientes y los sacaría del exiguo paraguas protector que implicó el acuerdo tácito con la Secretaría de Comercio Interior.
La especulación es que, de mantenerse bajo el volumen de negocios, los valores permanecerían virtualmente congelados.
Huelga decir que mientras el BCRA es refractario a los intereses del grupo y los pocos contactos realizados han sido vanos, los intentos se han dispersado sin éxito también en otros despachos de Economía.
De todas formas, el dato que tanto el Banco Central como los cambistas –también los “cueveros”– acarician con esmero son los u$s 8.000 millones del agro sojero que aún no se han liquidado en la plaza cambiaria. La mala noticia es que ese dinero todavía tiene forma de poroto de soja, ya que se trata de 16 millones de toneladas que aún no se han comercializado. Incluso el líder de la CGT Hugo Moyano tuvo su protagonismo la última semana: el anunciado paro de camioneros y la continuidad del conflicto significa menor llegada de la soja al puerto, lo que hizo subir el precio de la soja en Chicago por encima de los u$s 530.
Otra mala noticia es que, a pesar de la suba, las exportaciones se encuentran ralentizadas y las decisiones de inversión también se hacen desear. Si no se necesita dinero, tampoco es necesario vender la producción.
La mesa de dinero del Banco Central cuenta las horas –ábaco mediante– para que el agro les venda, de una vez, los u$s 800 millones semanales que solía liquidar en esta misma época, un año atrás.
Los u$s 400 millones semanales promedio que le venden a Mercedes Marcó del Pont no hacen más que profundizar la incógnita: la llamativa retracción resulta más evidente en medio de la temporada de liquidación más fuerte del agro, correspondiente al final de la campaña de la cosecha gruesa y que se extiende habitualmente de abril hasta el mes de julio. Si con la “ayuda” del cepo cambiario, las restricciones a las importaciones y el congelado giro de utilidades al exterior el BCRA no puede sumar reservas, en un contexto con menos ventas es poco probable que ocurra.
La salida de depósitos de los bancos –que se cuentan a su vez como parte de las reservas– mostró un nuevo capítulo en la semana del 11 al 15 de junio, cuando se fueron otros u$s 438 millones. El goteo apenas se redujo contra los u$s 547 millones de la semana anterior.
Para los bancos, el extraordinario colchón de pesos ociosos que tienen –acentuado a partir del cerrojo cambiario– ya no parece ser un problema.
Los depósitos a corto plazo que hacían al BCRA (pases) a cambio de una módica tasa de interés hoy se ha convertido en el motor del crédito a las empresas. Como consecuencia, el stock de pasivos no monetarios comenzó a retroceder. El dato a tener en cuenta es que las empresas demandan más crédito porque suponen que las tasas subirán.
lunes, 25 de junio de 2012
En 2 años subió el costo laboral argentino un 50% más que México y Estados Unidos
En 2011, el dinero necesario para mantener al personal aumentó en dólares 14% y la industria perdió competitividad; mantener un empleo implica hoy sumar 48% al sueldo neto del trabajador; las empresas, que advierten riesgos para la productividad, sienten la presión por los recortes que implica el impuesto a las ganancias.
En un escenario de menor actividad económica que se suma a otros factores de riesgo para la productividad, con índices de competitividad en baja por el tipo de cambio, y en medio de las presiones salariales que encuentran su lógica en una inflación que no cede, la carrera ascendente del costo laboral vuelve a ganar protagonismo entre las preocupaciones empresarias. Aun, eso sí, cuando parece haber un consenso bastante extendido en cuanto a entenderlo como un factor que no define por sí mismo -sino en juego con un mar de variables- las acciones de inversión y de generación o pérdida de empleos.
En dólares, se estima que los costos del personal para la actividad industrial subieron 14% sólo en 2011 -ajustado por productividad- y 57% desde 2006. A fines del año pasado, el costo unitario para la producción de bienes y la provisión de servicios en general se ubicaba, según cálculos de economistas, alrededor de 8% arriba del estimado para el promedio de los años de convertibilidad.
Si bien en gran medida esos números reflejan las mejoras en los ingresos de los trabajadores -incluso del salario real en varios gremios, aunque esa tendencia se frenó en el último año- eso no lo explica todo. La brecha entre el costo total empresario y el ingreso neto del empleado pasó, según un estudio de la consultora Idesa, de 36,6% en 2001 a 43,3% en 2006, y llegó a 48,2% en 2011. Es decir: por cada $ 100 que recibe el empleado, el empleador desembolsa, en promedio, $ 148,2. Los datos no consideran el efecto en el bolsillo del impuesto a las ganancias, que por la desactualización de su esquema de cálculo hace que el Estado se apodere cada mes de una porción más grande del ingreso de muchos trabajadores.
Para las empresas y en particular para algunos sectores industriales, el costo laboral en alza es un factor que suele ser mostrado como amenaza para el equilibrio de sus cuentas y hasta de la ecuación económica general. Los sindicatos dicen verlo como un usual y cansino latiguillo de los empleadores usado en las negociaciones salariales.
Para la gestión kirchnerista es un eje más de sus contradicciones: a la par de un discurso que tiende a demonizar por noventista cualquier advertencia sobre el tema, el Gobierno mantiene un esquema de rebajas de contribuciones patronales para nuevos empleos, homologa acuerdos con pagos no remunerativos, pide contener las demandas sindicales y hasta hace poco sostuvo una ventaja significativa para el entonces aliado gremio de los camioneros, ya que el Estado devolvía las contribuciones a la seguridad social pagadas por las empresas que tuvieran trabajadores afiliados al sindicato de Hugo Moyano, hoy convertido en el peor dolor de muelas para el poder central.
El tema genera inquietud, admiten en algunas empresas, porque se trata de un factor más entre los que terminan por resolver qué tipo de inversión habrá y en qué rubros, y consecuentemente, si se generará mayor actividad y más empleo. Claro que la coyuntura no permite pensar en un dinamismo de los capitales, y así la preocupación parece hoy más centrada en ver qué ocurrirá con la presión por las demandas salariales en un escenario complicado, y también con el empleo en las empresas, algo que también dependerá de las expectativas sobre la duración de la crisis (en 2009 la percepción de que se volvería rápidamente al crecimiento contribuyó a evitar despidos).
El costo laboral en alza no estuvo bajo la mira en los primeros tiempos de la recuperación económica iniciada en 2002. La reactivación contó, devaluación mediante, con el empuje que implican los sueldos relativamente bajos frente a la competencia internacional, y eso dio amplio margen para las negociaciones que buscaron compensar la suba de precios.
La persistente inflación y el objetivo de que la participación de los trabajadores en la riqueza del país recuperara terreno llevaron a robustecer las demandas salariales. Así, y según advierten varios estudios, algunas negociaciones derivaron en subas superiores a las mejoras de la productividad, un indicador hoy afectado por la menor actividad, las suspensiones por falta de insumos importados y la conflictividad.
COMPARACIONES
De acuerdo con un estudio del Ieral, en 2011 el costo laboral en dólares por unidad producida en la industria se ubicó alrededor de un 20% arriba del estimado para 1997. Si se toma como referencia ese año, tanto la Argentina como su principal socio comercial, Brasil, llegaron en 2006 a tener costos un 40% inferiores. Las trayectorias del indicador en ambos países se diferenciaron en 2008, cuando antes de que el real se revaluara con fuerza, el costo laboral brasileño había tenido una caída. Tras una suba posterior, la tendencia volvió a ser a la baja en 2011, un año que cerró con un costo unitario en dólares inferior en un 26% al de la industria local.
La cuestión preocupa a las empresas en general, más allá de las vinculadas a bienes transables. "Es un tema relevante; nadie puede dudar de que en el último año hubo un aumento en dólares del 20% y eso se traslada a precios si es un producto que permite hacerlo. Ese traslado va a ser cada vez más difícil en la medida en que el nivel de actividad pierda dinamismo", analiza Daniel Maggi, director de Personas de LAN Argentina y directivo de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (Adrha).
La brecha entre el salario neto y el costo empresario, en tanto, está explicada por los aportes personales a la jubilación y al sistema de salud, a los que por lo general se suma la cuota sindical (en los últimos años se hizo compulsiva en muchos casos), de entre uno y tres por ciento. Por otra parte, están las contribuciones patronales para ésos y otros destinos.
Además, explica el economista Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social (Idesa), se suma el costo del seguro de riesgos del trabajo y en muchos casos, aportes para el sindicato fijados por convenio. "Hay variaciones en algunas regiones donde se puede tomar una parte como un crédito fiscal, pero en promedio el régimen general tiene entre aportes y contribuciones un 48% adicional", explica Colina.
La remuneración bruta promedio declarada por las empresas al sistema jubilatorio al cuarto trimestre de 2011 fue, según datos oficiales, de $ 6371. El salario neto resultó de $ 5518 y el costo salarial, de $ 7876, un 231% más alto que el de 2006. En esos cinco años inflación fue, según consultoras privadas, de 140%. El costo nominal en la industria, con un alza del 228% fue de $ 10.076 a fines de 2011.
FACTORES QUE NO SE MIDEN
Más allá de los números, Maggi señala otros temas que afectan la productividad, como las rigideces impuestas por cambios legislativos; los feriados que, o restan días laborales o los hacen más caros; y en algunos sectores también la mayor judicialidad, en gran medida promovida por el cuestionamiento al régimen de riesgos del trabajo.
El hecho de que el impuesto a las ganancias se lleve cada vez más de los sueldos, afirma Maggi, es una fuente de presión, porque en muchos casos se reclaman compensaciones y además, porque lleva a que haya quienes prefieran no hacer horas extras por el temor a saltar en la escala de alícuotas del tributo. En los salarios más altos el descuento puede llegar hoy al 25 por ciento.
"La gente está molesta porque ante un aumento ya está pensando cuánto se lleva el Estado", afirma Lucio Garzón Maceda, asesor de los sindicatos de la alimentación. El abogado advierte que en otros escalones de la pirámide también hay malestar: quienes sobrepasan los $ 5200 de salario bruto deben resignarse, sin mucha lógica, a perder las asignaciones familiares.
Garzón Maceda se resiste a que le hablen de "costos laborales", porque el trabajo es "un generador y transformador de riqueza" y porque dice que los empresarios deberían mirar más el encarecimiento de algunos insumos. "Es verdad que los salarios subieron más que la inflación, pero se debían compensar mejoras de productividad de años previos", plantea.
La productividad laboral -cuánto se produce por ocupado- es señalada como factor de importancia en la ecuación económica de las empresas. "Que la productividad mejore depende hoy por hoy de la inversión, y estamos entrando en un ciclo donde la inversión será muy baja; entonces, aunque las subas salariales sean del 20 y no del 28%, nos vamos a la segunda división", grafica Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, con la mirada puesta en otro factor: por el tipo de cambio y la devaluación de monedas de países con relaciones cercanas, como Brasil, tampoco se espera que mejore la competitividad. "En países como los europeos, los costos laborales más altos conviven con elevados índices de productividad", afirma Bour.
Según un estudio de SEL Consultores, entre 2006 y 2011 el costo laboral en dólares y corregido por la inflación de Estados Unidos se duplicó. Si al cálculo se le agrega como factor de corrección la ganancia de productividad, el alza es del 57,1 por ciento. Según Ernesto Kritz, director de la consultora, las trabas a la importación compensan de alguna forma la pérdida de competitividad, pero los mayores costos van a los precios.
Tomás Raffo, economista del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas -ligado a Proyecto Sur-, contrapone su visión de que es la mayor actividad la que genera empleo y no una baja de costos, a la que dice leer en las acciones del Gobierno. "Con una economía que devaluó y que creció, no se revirtió la rebaja de contribuciones dispuesta en los 90, y se reducen las cargas sociales para los nuevos empleos, como un reconocimiento de que la creación de empleos depende para ellos de los costos -evalúa-. Hoy se pide moderación salarial, pero no se hace nada frente a la inflación."
Y no es el único que pone el foco en el principal virus que corre por la sangre del sistema productivo y de todos los hogares: lograr ponerle freno a la carrera de los precios, coinciden varios economistas, es un objetivo urgente. Y la lente oficial, advierten, necesita corrección.
57,1%
Costo en dólares
Es el incremento del gasto salarial en la industria entre 2006 y 2011, medido en dólares ajustados por la inflación de Estados Unidos y por la productividad local, según estima SEL Consultores.
En un escenario de menor actividad económica que se suma a otros factores de riesgo para la productividad, con índices de competitividad en baja por el tipo de cambio, y en medio de las presiones salariales que encuentran su lógica en una inflación que no cede, la carrera ascendente del costo laboral vuelve a ganar protagonismo entre las preocupaciones empresarias. Aun, eso sí, cuando parece haber un consenso bastante extendido en cuanto a entenderlo como un factor que no define por sí mismo -sino en juego con un mar de variables- las acciones de inversión y de generación o pérdida de empleos.
En dólares, se estima que los costos del personal para la actividad industrial subieron 14% sólo en 2011 -ajustado por productividad- y 57% desde 2006. A fines del año pasado, el costo unitario para la producción de bienes y la provisión de servicios en general se ubicaba, según cálculos de economistas, alrededor de 8% arriba del estimado para el promedio de los años de convertibilidad.
Si bien en gran medida esos números reflejan las mejoras en los ingresos de los trabajadores -incluso del salario real en varios gremios, aunque esa tendencia se frenó en el último año- eso no lo explica todo. La brecha entre el costo total empresario y el ingreso neto del empleado pasó, según un estudio de la consultora Idesa, de 36,6% en 2001 a 43,3% en 2006, y llegó a 48,2% en 2011. Es decir: por cada $ 100 que recibe el empleado, el empleador desembolsa, en promedio, $ 148,2. Los datos no consideran el efecto en el bolsillo del impuesto a las ganancias, que por la desactualización de su esquema de cálculo hace que el Estado se apodere cada mes de una porción más grande del ingreso de muchos trabajadores.
Para las empresas y en particular para algunos sectores industriales, el costo laboral en alza es un factor que suele ser mostrado como amenaza para el equilibrio de sus cuentas y hasta de la ecuación económica general. Los sindicatos dicen verlo como un usual y cansino latiguillo de los empleadores usado en las negociaciones salariales.
Para la gestión kirchnerista es un eje más de sus contradicciones: a la par de un discurso que tiende a demonizar por noventista cualquier advertencia sobre el tema, el Gobierno mantiene un esquema de rebajas de contribuciones patronales para nuevos empleos, homologa acuerdos con pagos no remunerativos, pide contener las demandas sindicales y hasta hace poco sostuvo una ventaja significativa para el entonces aliado gremio de los camioneros, ya que el Estado devolvía las contribuciones a la seguridad social pagadas por las empresas que tuvieran trabajadores afiliados al sindicato de Hugo Moyano, hoy convertido en el peor dolor de muelas para el poder central.
El tema genera inquietud, admiten en algunas empresas, porque se trata de un factor más entre los que terminan por resolver qué tipo de inversión habrá y en qué rubros, y consecuentemente, si se generará mayor actividad y más empleo. Claro que la coyuntura no permite pensar en un dinamismo de los capitales, y así la preocupación parece hoy más centrada en ver qué ocurrirá con la presión por las demandas salariales en un escenario complicado, y también con el empleo en las empresas, algo que también dependerá de las expectativas sobre la duración de la crisis (en 2009 la percepción de que se volvería rápidamente al crecimiento contribuyó a evitar despidos).
El costo laboral en alza no estuvo bajo la mira en los primeros tiempos de la recuperación económica iniciada en 2002. La reactivación contó, devaluación mediante, con el empuje que implican los sueldos relativamente bajos frente a la competencia internacional, y eso dio amplio margen para las negociaciones que buscaron compensar la suba de precios.
La persistente inflación y el objetivo de que la participación de los trabajadores en la riqueza del país recuperara terreno llevaron a robustecer las demandas salariales. Así, y según advierten varios estudios, algunas negociaciones derivaron en subas superiores a las mejoras de la productividad, un indicador hoy afectado por la menor actividad, las suspensiones por falta de insumos importados y la conflictividad.
COMPARACIONES
De acuerdo con un estudio del Ieral, en 2011 el costo laboral en dólares por unidad producida en la industria se ubicó alrededor de un 20% arriba del estimado para 1997. Si se toma como referencia ese año, tanto la Argentina como su principal socio comercial, Brasil, llegaron en 2006 a tener costos un 40% inferiores. Las trayectorias del indicador en ambos países se diferenciaron en 2008, cuando antes de que el real se revaluara con fuerza, el costo laboral brasileño había tenido una caída. Tras una suba posterior, la tendencia volvió a ser a la baja en 2011, un año que cerró con un costo unitario en dólares inferior en un 26% al de la industria local.
La cuestión preocupa a las empresas en general, más allá de las vinculadas a bienes transables. "Es un tema relevante; nadie puede dudar de que en el último año hubo un aumento en dólares del 20% y eso se traslada a precios si es un producto que permite hacerlo. Ese traslado va a ser cada vez más difícil en la medida en que el nivel de actividad pierda dinamismo", analiza Daniel Maggi, director de Personas de LAN Argentina y directivo de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (Adrha).
La brecha entre el salario neto y el costo empresario, en tanto, está explicada por los aportes personales a la jubilación y al sistema de salud, a los que por lo general se suma la cuota sindical (en los últimos años se hizo compulsiva en muchos casos), de entre uno y tres por ciento. Por otra parte, están las contribuciones patronales para ésos y otros destinos.
Además, explica el economista Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social (Idesa), se suma el costo del seguro de riesgos del trabajo y en muchos casos, aportes para el sindicato fijados por convenio. "Hay variaciones en algunas regiones donde se puede tomar una parte como un crédito fiscal, pero en promedio el régimen general tiene entre aportes y contribuciones un 48% adicional", explica Colina.
La remuneración bruta promedio declarada por las empresas al sistema jubilatorio al cuarto trimestre de 2011 fue, según datos oficiales, de $ 6371. El salario neto resultó de $ 5518 y el costo salarial, de $ 7876, un 231% más alto que el de 2006. En esos cinco años inflación fue, según consultoras privadas, de 140%. El costo nominal en la industria, con un alza del 228% fue de $ 10.076 a fines de 2011.
FACTORES QUE NO SE MIDEN
Más allá de los números, Maggi señala otros temas que afectan la productividad, como las rigideces impuestas por cambios legislativos; los feriados que, o restan días laborales o los hacen más caros; y en algunos sectores también la mayor judicialidad, en gran medida promovida por el cuestionamiento al régimen de riesgos del trabajo.
El hecho de que el impuesto a las ganancias se lleve cada vez más de los sueldos, afirma Maggi, es una fuente de presión, porque en muchos casos se reclaman compensaciones y además, porque lleva a que haya quienes prefieran no hacer horas extras por el temor a saltar en la escala de alícuotas del tributo. En los salarios más altos el descuento puede llegar hoy al 25 por ciento.
"La gente está molesta porque ante un aumento ya está pensando cuánto se lleva el Estado", afirma Lucio Garzón Maceda, asesor de los sindicatos de la alimentación. El abogado advierte que en otros escalones de la pirámide también hay malestar: quienes sobrepasan los $ 5200 de salario bruto deben resignarse, sin mucha lógica, a perder las asignaciones familiares.
Garzón Maceda se resiste a que le hablen de "costos laborales", porque el trabajo es "un generador y transformador de riqueza" y porque dice que los empresarios deberían mirar más el encarecimiento de algunos insumos. "Es verdad que los salarios subieron más que la inflación, pero se debían compensar mejoras de productividad de años previos", plantea.
La productividad laboral -cuánto se produce por ocupado- es señalada como factor de importancia en la ecuación económica de las empresas. "Que la productividad mejore depende hoy por hoy de la inversión, y estamos entrando en un ciclo donde la inversión será muy baja; entonces, aunque las subas salariales sean del 20 y no del 28%, nos vamos a la segunda división", grafica Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, con la mirada puesta en otro factor: por el tipo de cambio y la devaluación de monedas de países con relaciones cercanas, como Brasil, tampoco se espera que mejore la competitividad. "En países como los europeos, los costos laborales más altos conviven con elevados índices de productividad", afirma Bour.
Según un estudio de SEL Consultores, entre 2006 y 2011 el costo laboral en dólares y corregido por la inflación de Estados Unidos se duplicó. Si al cálculo se le agrega como factor de corrección la ganancia de productividad, el alza es del 57,1 por ciento. Según Ernesto Kritz, director de la consultora, las trabas a la importación compensan de alguna forma la pérdida de competitividad, pero los mayores costos van a los precios.
Tomás Raffo, economista del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas -ligado a Proyecto Sur-, contrapone su visión de que es la mayor actividad la que genera empleo y no una baja de costos, a la que dice leer en las acciones del Gobierno. "Con una economía que devaluó y que creció, no se revirtió la rebaja de contribuciones dispuesta en los 90, y se reducen las cargas sociales para los nuevos empleos, como un reconocimiento de que la creación de empleos depende para ellos de los costos -evalúa-. Hoy se pide moderación salarial, pero no se hace nada frente a la inflación."
Y no es el único que pone el foco en el principal virus que corre por la sangre del sistema productivo y de todos los hogares: lograr ponerle freno a la carrera de los precios, coinciden varios economistas, es un objetivo urgente. Y la lente oficial, advierten, necesita corrección.
57,1%
Costo en dólares
Es el incremento del gasto salarial en la industria entre 2006 y 2011, medido en dólares ajustados por la inflación de Estados Unidos y por la productividad local, según estima SEL Consultores.
Lo que se paga del impuesto era 1,12% del salario y ahora trepa hasta el 7,62%.
Hoy un trabajador soltero y sin hijos que gana 10.000 pesos y tiene el mismo poder adquisitivo o sueldo equivalente que en 2001, por el impuesto a las Ganancias tiene una poda en su ingreso del 7,62%. En 2001 —11 años atrás—le descontaban el 1,12%.
Las cifras, elaboradas por el IARAF (Instituto Argentina de Responsabilidad Fiscal) marcan “el notable incremento de las tasas efectivas de este impuesto que han experimentado tanto los trabajadores dependientes como independientes desde 2001 a 2012”, señala el estudio. En este ejemplo, el peso de Ganancias se multiplicó por casi 7.
Y equivale a que el trabajador pierda de cobrar casi un aguinaldo entero ($ 9.910 de impuesto). A mayor salario, la pérdida salarial es mayor y ya un sueldo de $ 12.000 pierde de cobrar casi un aguinaldo y medio.
Lo que pasó es que durante todos estos años el Gobierno aumentó el mínimo no imponible y demás deducciones menos que la inflación o la suba de los salarios . Y directamente no ajustó las escalas salariales sobre las que se aplican las alícuotas que se mantienen en los mismos niveles que en 2000, durante la gestión de Fernando De la Rua- José Luis Machinea.
Por esa razón, los trabajadores sin cargas de familia que, después de los descuentos de jubilación y salud, ganan más de $ 5.789 están alcanzados por Ganancias.
Según el nivel salarial Ganancias puede representar una pérdida salarial de 2, 5, 8, 10 por ciento del sueldo y hasta más . En esa situación se encuentran casi 2 millones de trabajadores en relación de dependencia, como operarios petroleros, de la siderurgia, docentes, camioneros, bancarios, de luz y fuerza y tantos otros gremios y hasta 200.000 jubilados . En cambio, la renta financiera sigue exenta.
Además, con cada aumento de los salarios, si no se eleva ese piso salarial a partir del cual se paga Ganancias, el impuesto aumenta y de manera creciente. Y en lugar de un 5 por ciento, el descuento salta al 8%, al 10% y así cada vez más.
A eso se agrega que siguen congeladas –hace 12 años– las escalas sobre las que se calcula el impuesto. Entonces, en lugar de que le retengan una alícuota baja, del 9 por ciento, el trabajador tributa una alícuota del impuesto más alta –del 14, 19 o 23%– y que rápidamente puede llegar al 35%.
También por eso muchos trabajadores no quieren hacer horas extras porque, en ese caso, una parte del mayor ingreso de ese mayor esfuerzo se lo lleva el impuesto.
Si el Gobierno hubiera ajustado por la inflación o la evolución de los salarios, el piso de Ganancias debería ser de $ 9.500 y las escalas serían más amplias (el primer nivel, con la alícuota del 9%, en lugar de llegar hasta $ 10.000 debería subir hasta $ 45.000). De ese modo estarían alcanzados por este impuesto, no casi dos millones de trabajadores, sino unos 300.000 empleados, quienes, además, pagarían mucho menos.
En el pasado, Ganancias alcanzaba al personal jerárquico. Ahora por este procedimiento de no ajustar por inflación, pagan hasta maestros y operarios simples.
La suba del mínimo no imponible no implica que el Gobierno tenga un “alto costo fiscal” o “subsidie” a los empleados de sueldos medios o altos. Simplemente evitaría que la AFIP siga captando una parte mayor del ingreso nominal de trabajador por el simple expediente de no ajustar los valores por la inflación de cada período.
Se calcula que por no ajustar el “mínimo”, el Gobierno se quedaría este año con unos $ 3.500 millones que debería haber ingresado en las familias de los trabajadores. Además, por no actualizar el tope salarial que da derecho a cobrar las asignaciones familiares, el Gobierno se queda con otros $ 1.800 millones que también deberían haber sido percibidos por familias trabajadoras.
Otro tema que sigue pendiente es la equiparación del mínimo no imponible y demás deducciones de los autónomos con los valores que tienen los empleados en relación de dependencia. A igual ingreso nominal que un asalariado, el autónomo paga mucho más.
Las cifras, elaboradas por el IARAF (Instituto Argentina de Responsabilidad Fiscal) marcan “el notable incremento de las tasas efectivas de este impuesto que han experimentado tanto los trabajadores dependientes como independientes desde 2001 a 2012”, señala el estudio. En este ejemplo, el peso de Ganancias se multiplicó por casi 7.
Y equivale a que el trabajador pierda de cobrar casi un aguinaldo entero ($ 9.910 de impuesto). A mayor salario, la pérdida salarial es mayor y ya un sueldo de $ 12.000 pierde de cobrar casi un aguinaldo y medio.
Lo que pasó es que durante todos estos años el Gobierno aumentó el mínimo no imponible y demás deducciones menos que la inflación o la suba de los salarios . Y directamente no ajustó las escalas salariales sobre las que se aplican las alícuotas que se mantienen en los mismos niveles que en 2000, durante la gestión de Fernando De la Rua- José Luis Machinea.
Por esa razón, los trabajadores sin cargas de familia que, después de los descuentos de jubilación y salud, ganan más de $ 5.789 están alcanzados por Ganancias.
Según el nivel salarial Ganancias puede representar una pérdida salarial de 2, 5, 8, 10 por ciento del sueldo y hasta más . En esa situación se encuentran casi 2 millones de trabajadores en relación de dependencia, como operarios petroleros, de la siderurgia, docentes, camioneros, bancarios, de luz y fuerza y tantos otros gremios y hasta 200.000 jubilados . En cambio, la renta financiera sigue exenta.
Además, con cada aumento de los salarios, si no se eleva ese piso salarial a partir del cual se paga Ganancias, el impuesto aumenta y de manera creciente. Y en lugar de un 5 por ciento, el descuento salta al 8%, al 10% y así cada vez más.
A eso se agrega que siguen congeladas –hace 12 años– las escalas sobre las que se calcula el impuesto. Entonces, en lugar de que le retengan una alícuota baja, del 9 por ciento, el trabajador tributa una alícuota del impuesto más alta –del 14, 19 o 23%– y que rápidamente puede llegar al 35%.
También por eso muchos trabajadores no quieren hacer horas extras porque, en ese caso, una parte del mayor ingreso de ese mayor esfuerzo se lo lleva el impuesto.
Si el Gobierno hubiera ajustado por la inflación o la evolución de los salarios, el piso de Ganancias debería ser de $ 9.500 y las escalas serían más amplias (el primer nivel, con la alícuota del 9%, en lugar de llegar hasta $ 10.000 debería subir hasta $ 45.000). De ese modo estarían alcanzados por este impuesto, no casi dos millones de trabajadores, sino unos 300.000 empleados, quienes, además, pagarían mucho menos.
En el pasado, Ganancias alcanzaba al personal jerárquico. Ahora por este procedimiento de no ajustar por inflación, pagan hasta maestros y operarios simples.
La suba del mínimo no imponible no implica que el Gobierno tenga un “alto costo fiscal” o “subsidie” a los empleados de sueldos medios o altos. Simplemente evitaría que la AFIP siga captando una parte mayor del ingreso nominal de trabajador por el simple expediente de no ajustar los valores por la inflación de cada período.
Se calcula que por no ajustar el “mínimo”, el Gobierno se quedaría este año con unos $ 3.500 millones que debería haber ingresado en las familias de los trabajadores. Además, por no actualizar el tope salarial que da derecho a cobrar las asignaciones familiares, el Gobierno se queda con otros $ 1.800 millones que también deberían haber sido percibidos por familias trabajadoras.
Otro tema que sigue pendiente es la equiparación del mínimo no imponible y demás deducciones de los autónomos con los valores que tienen los empleados en relación de dependencia. A igual ingreso nominal que un asalariado, el autónomo paga mucho más.
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